Un nuevo fenómeno astrológico surca los cielos mexicanos: La lluvia de meteoros Líridas tendrá su momento de mayor actividad este 22 de abril, y podremos apreciarlo claramente, especialmente durante la madrugada y en sitios con cielos despejados y poca contaminación lumínica. De acuerdo con la NASA, el pico se concentra entre la noche del 21 y la madrugada del 22 de abril; por su parte, el INAOE precisa que la actividad de esta lluvia se mantiene del 16 al 25 de abril, con una tasa máxima observable de hasta 18 meteoros por hora en condiciones ideales.

Aunque muchas veces se les llama “estrellas fugaces”, en realidad una lluvia de meteoros no significa que las estrellas estén cayendo. Lo que ocurre es que la Tierra atraviesa restos de polvo y pequeñas partículas dejadas por un cometa; al entrar a gran velocidad en la atmósfera terrestre, esos fragmentos se calientan y se desintegran, formando destellos veloces de luz en el cielo. En el caso de las Líridas, el fenómeno está relacionado con el cometa C/1861 G1 Thatcher.

En el cielo, las Líridas suelen manifestarse como trazos brillantes, rápidos y breves, que parecen surgir desde una misma región del firmamento. La NASA explica que su radiante se ubica cerca de la constelación de Lyra, en la zona de la brillante estrella Vega; sin embargo, los meteoros pueden aparecer en distintas partes del cielo. Además, esta lluvia es conocida por ofrecer meteoros luminosos y, en ocasiones, algunos destellos más intensos conocidos como bólidos o fireballs.

Para observarlas desde México no hace falta telescopio ni binoculares. Lo recomendable es alejarse de las luces de la ciudad, buscar un lugar abierto, mirar hacia el noreste y permitir que la vista se adapte a la oscuridad durante al menos 20 a 30 minutos. La mejor oportunidad práctica será en las horas previas al amanecer, cuando el radiante ya esté más alto y el cielo siga oscuro. Este año, además, las condiciones serán favorables porque la Luna no interferirá demasiado durante la madrugada del 22 de abril.

Las Líridas también tienen un peso especial para quienes siguen los eventos astronómicos año con año. Se trata de una de las lluvias de meteoros más antiguas registradas por la humanidad, con observaciones documentadas desde hace unos 2,700 años. Por eso, cada aparición no solo ofrece un espectáculo visual, sino también una conexión con uno de los fenómenos más antiguos y persistentes del cielo nocturno.


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